Ayer me reencontré con el blanco y negro.
Hubo una época en la que fue obsesión pura. Después, lo asocié a momentos grises y lo deje.
Ayer abrí fotos antiguas. Y ahí estaba.
Intacto. Atemporal.
Recordándome que la luz no necesita color para brillar.
Creo que ha llegado el momento de volver a jugar.
Sin miedo. Sin nostalgia. Solo mirada.
Porque hay historias que se cuentan mejor cuando el tiempo no distrae.







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