Responder correos, muchos, renovar anuncios, hacerme las uñas. Y, inevitablemente, por más que lo he ido alargando, ir a comprar unas gafas nuevas. No veo ni torta de cerca. Y teniendo en cuenta que me paso unas 10 horas al día delante del ordenador, esto empieza a ser un problema serio (y caro). Las gafas son obscenamente caras. Nivel: “me estoy comprando un riñón, pero con montura”.
Los sábados, pase lo que pase, siempre me voy con Eva a tomar algo antes de comer.
Se ha comprado una cámara digital de las que no tienen absolutamente nada: ni enfoque, ni ayudas, ni piedad. Todas las fotos salen desenfocadas. Y precisamente por eso nos lo pasamos pipa jugando con ella, disparando sin pensar, riéndonos de cada desastre.
Hoy también he recuperado una foto de cuando hacía mis primeros pinitos con Photoshop. Mirarla ha sido como abrir un cajón viejo: torpe, ingenua, llena de ganas… y con más capas que sentido.
No ha sido un día épico. Pero ha sido un día vivido.
![]() |





Comentarios
Publicar un comentario